La enfermedad de Kawasaki es una vasculitis aguda que inflama los vasos sanguíneos pequeños y medianos en niños menores de 5 años, pudiendo causar aneurismas coronarios si no se trata a tiempo. La detección temprana y el tratamiento intensivo con gammaglobulina intravenosa reducen el riesgo coronario a menos del 5%.

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Síntomas clave

  • Fiebre alta persistente superior a 39 °C
  • Erupción cutánea generalizada
  • Conjuntivitis bilateral sin secreción
  • Lengua aframbuesada y labios agrietados
  • Hinchazón de manos y pies con descamación posterior

Cincinnati Children’s Hospital

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Tratamiento estándar

  • Inmunoglobulina intravenosa (IVIG) en dosis única alta
  • Aspirina en dosis antiinflamatorias
  • Hospitalización durante 2 a 5 días

Cincinnati Children’s Hospital

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Grupos afectados

  • Niños menores de 5 años, especialmente de 6 meses a 4 años
  • Mayor incidencia en población asiática
  • Más frecuente en varones
  • Casos raros en adultos

American Heart Association

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Diagnóstico

  • Fiebre igual o superior a 5 días
  • Al menos 4 de 5 criterios clínicos clásicos
  • Ecocardiograma para evaluar arterias coronarias
  • Análisis de laboratorio: PCR elevada y trombocitosis

MSD Manuals

Afecta principalmente a: niños menores de 5 años · Inflamación en: vasos sanguíneos pequeños y medianos · Duración típica: 1-2 semanas de fiebre · Complicación principal: aneurismas coronarios · Causa conocida: desconocida

Datos clave sobre la enfermedad de Kawasaki
Aspecto Detalle Fuente
Tipo Vasculitis sistémica aguda FAPap
Edad pico 6 meses a 4 años American Heart Association
Incidencia Rara, 10-20 por 100.000 niños Cincinnati Children’s
Diagnóstico Criterios clínicos y ecocardiograma MedlinePlus
Ventana de tratamiento Primeros 10 días de síntomas FAPap

¿Qué es la enfermedad de Kawasaki?

La enfermedad de Kawasaki es una vasculitis sistémica aguda y autolimitada que provoca inflamación en las paredes de los vasos sanguíneos del cuerpo, especialmente en las arterias coronarias. Esta condición fue descrita por primera vez en Japón en 1967 por el doctor Tomisaku Kawasaki, y desde entonces se ha convertido en la principal causa de cardiopatía adquirida no congénita en niños en países desarrollados. La enfermedad afecta predominantemente a niños menores de 5 años, con un pico de incidencia entre los 6 meses y los 4 años de edad.

El mecanismo exacto de la enfermedad permanece desconocido, aunque las evidencias sugieren un posible desencadenante infeccioso en niños genéticamente predispuestos. La condición no es contagiosa de persona a persona, lo que la distingue de otras enfermedades infantiles infecciosas. Sin embargo, su gravedad radica en las complicaciones cardiovasculares que pueden surgir cuando no se diagnostica y trata oportunamente.

Nota del especialista: Aunque la enfermedad es autolimitada, esto no significa que pueda ignorarse. La inflamación vascular durante la fase aguda puede causar daño permanente en las arterias coronarias si no se intervene dentro de la ventana crítica de 10 días.

Características principales

La enfermedad de Kawasaki se caracteriza por una fiebre alta persistente que no responde a antipiréticos convencionales como el paracetamol o el ibuprofeno. Esta fiebre típicamente supera los 39 °C y dura al menos 5 días, aunque en muchos casos puede persistir durante 1 a 2 semanas sin tratamiento. Acompañando a la fiebre, aparecen manifestaciones cutáneas y mucosas que facilitan el reconocimiento clínico de la enfermedad cuando se conocen sus características.

La inflamación vascular generalizada afecta principalmente los vasos sanguíneos pequeños y medianos, incluyendo las arterias coronarias. Esta vasculitis puede provocar dilatación y formación de aneurismas en las paredes arteriales, particularmente cuando el tratamiento se retrasa más allá de los 10 días desde el inicio de la fiebre. La gravedad de las complicaciones cardíacas ha impulsado a organizaciones como la American Heart Association a emitir directrices actualizadas emphasizing la importancia de la detección temprana y el tratamiento intensivo en pacientes de alto riesgo.

Contexto clínico: La enfermedad de Kawasaki tiene un comportamiento estacionario, siendo más frecuente en los meses de invierno y primavera. Esta estacionalidad apoya la teoría de un posible desencadenante infeccioso, aunque ningún agente específico ha sido identificado de manera concluyente.

Diferencia con otros virus infantiles

A diferencia de las enfermedades virales clásicas de la infancia, la enfermedad de Kawasaki no se transmite por contacto directo entre personas. Mientras que condiciones como el sarampión o la escarlatina presentan patrones de transmisión clara, Kawasaki permanece como una entidad de etiología idiopática. Esta distinción es fundamental para los padres y profesionales de la salud, ya que el manejo y las precauciones difieren significativamente entre estas condiciones.

“La enfermedad de Kawasaki provoca una hinchazón en las paredes de los vasos sanguíneos, lo que puede afectar el corazón y otros órganos vitales si no se trata a tiempo.”

Mayo Clinic, Especialistas en enfermedades infantiles

Otra diferencia importante radica en la respuesta al tratamiento. Mientras que las enfermedades virales típicas suelen resolverse con manejo sintomático, la enfermedad de Kawasaki requiere intervención específica con inmunoglobulina intravenosa para prevenir complicaciones cardíacas. Esta diferencia en el abordaje terapéutico subraya la necesidad de un diagnóstico preciso y temprano.

¿Qué produce la enfermedad de Kawasaki?

La causa exacta de la enfermedad de Kawasaki permanece sin identificar, lo que la clasifica como una condición idiopática. Sin embargo, la comunidad científica ha identificado patrones que sugieren una combinación de factores genéticos y un posible desencadenante infeccioso. La mayor incidencia en niños de ascendencia asiática, especialmente japoneses y coreanos, indica una predisposición genética que podría influir en la susceptibilidad a la enfermedad.

Las teorías actuales apuntan hacia una respuesta inmune anormal a uno o varios agentes infecciosos en niños con predisposición genética. Esta hipótesis se fundamenta en la presentación clínica similar a enfermedades infecciosas, la estacionalidad de los casos, y la edad típicamente joven de los afectados. Sin embargo, múltiples estudios han descartado agentes específicos como únicos responsables, sugiriendo en cambio una respuesta a múltiples patógenos que comparten características immunogénicas similares.

Factores de riesgo identificados

Los factores de riesgo para desarrollar enfermedad de Kawasaki severa incluyen la edad menor de 6 meses y la edad mayor de 5 años, siendo estos grupos los que presentan mayor riesgo de complicaciones cardíacas. La American Heart Association ha establecido una puntuación de riesgo específica para Norteamérica que considera factores como la edad menor de 6 meses, la ascendencia asiática, un Z-score coronario igual o superior a 2, y niveles elevados de proteína C reactiva (PCR) como indicadores de alto riesgo.

El sexo masculino también representa un factor de riesgo, con una relación aproximada de 1,5:1 respecto a las niñas afectadas. Esta diferencia de género es consistente a través de diferentes poblaciones y estudios, aunque las razones subyacentes no están completamente esclarecidas. La temporada de nacimiento parece influir también, con mayor riesgo observado en niños nacidos en los meses previos al invierno y primavera, cuando la enfermedad muestra mayor incidencia.

Advertencia clínica: Los niños menores de 6 meses representan un grupo de alto riesgo particular porque frecuentemente no cumplen los criterios diagnósticos clásicos (fiebre por más de 5 días) pero desarrollan complicaciones coronarias significativas. La evaluación cardíaca temprana es esencial en este grupo de edad.

Teorías etiológicas actuales

Entre las teorías más aceptadas se encuentra la hipótesis de un superantígeno, que propone que certainas cepas de bacteria o virus producirían proteínas capaces de activar masivamente el sistema inmune. Esta activación generalizada explicaría la presentación sistémica de la enfermedad. Otra teoría sugiere que múltiples agentes infecciosos comunes podrían desencadenar una respuesta inmune anormal en individuos genéticamente susceptibles, explicando así la variabilidad geográfica y temporal en la incidencia de la enfermedad.

Los estudios genéticos han identificado variaciones en genes relacionados con la respuesta inmune que podrían predisponer a ciertos individuos a desarrollar Kawasaki severa. Sin embargo, estos hallazgos aún no han permitido predecir qué niños desarrollarán la enfermedad o sus complicaciones. La investigación continua busca identificar marcadores genéticos que permitan identificar tempranamente a los pacientes con mayor riesgo de aneurismas coronarios.

En síntesis: Aunque la causa exacta permanece desconocida, la enfermedad de Kawasaki se desarrolla en niños genéticamente predispuestos tras una posible exposición a agentes infecciosos. La inflamación vascular resultante requiere tratamiento urgente para prevenir daño cardíaco permanente.

¿Cuánto tiempo dura la enfermedad de Kawasaki?

La duración de la enfermedad de Kawasaki puede variar significativamente dependiendo de si el paciente recibe tratamiento oportuno o no. En su forma no tratada, la fiebre y las manifestaciones agudas pueden persistir durante 2 a 4 semanas, con riesgo creciente de complicaciones cardiovasculares con cada día sin intervención. El tratamiento estándar con inmunoglobulina intravenosa típicamente resuelve la fiebre en 24 a 48 horas, acortando dramáticamente la fase aguda de la enfermedad.

La enfermedad evoluciona en fases distintas que permiten comprender su curso natural. La fase aguda inicial dura aproximadamente 10 días y se caracteriza por fiebre alta persistente, erupciones cutáneas, y manifestaciones mucosas. Sin tratamiento, esta fase puede extenderse significativamente. La fase subaguda, que ocurre entre las 2 y 4 semanas desde el inicio, se caracteriza por la descamación de la piel en manos y pies, dolor articular, y síntomas gastrointestinales como diarrea y vómitos.

Fases de la enfermedad

La primera fase, conocida como fase aguda, presenta la mayor actividad inflamatoria y los síntomas más conspicuous. Durante este período, que dura aproximadamente 10 días sin tratamiento, el niño presenta fiebre persistente superior a 39 °C, erupción cutánea generalizada, conjuntivitis bilateral sin secreción, inflamación de labios y mucosa oral con apariencia de lengua de fresa, hinchazón de manos y pies, y adenopatía cervical que puede superar 1,5 centímetros de diámetro.

La segunda fase, o fase subaguda, comienza aproximadamente 2 semanas después del inicio de la fiebre. En este período, la fiebre típicamente ha cedido, pero aparecen nuevas manifestaciones como descamación prominente de la piel en dedos de manos y pies, dolor articular que puede ser significativo, y síntomas gastrointestinales incluyendo diarrea y vómitos. Los niveles de plaquetas en sangre comienzan a elevarse durante esta fase, alcanzando su pico hacia la tercera o cuarta semana.

La tercera fase, o fase de convalecencia, puede extenderse durante semanas a meses después de la resolución de los síntomas agudos. Durante este período, los estudios de laboratorio lentamente se normalizan, y los aneurismas coronarios, si se han desarrollado, pueden comenzar a mostrar regresión en algunos casos. El seguimiento cardiológico durante esta fase es fundamental para evaluar la evolución de cualquier complicación cardíaca.

Duración de síntomas específicos

La fiebre persistente, característica definitoria de la enfermedad, debe durar al menos 5 días para cumplir los criterios diagnósticos. Sin tratamiento, esta fiebre puede persistir durante 2 a 4 semanas, resistiendo a antipiréticos convencionales. Con el tratamiento estándar de inmunoglobulina intravenosa, la fiebre típicamente resuelve dentro de las primeras 24 horas posteriores a la infusión.

Las manifestaciones cutáneas aparecen tempranamente durante la fase aguda y pueden persistir durante varios días a semanas. La descamación característica de la piel en palmas y plantas es más prominente durante la fase subaguda y puede continuar durante 2 a 3 semanas adicionales. Otros síntomas, como la irritabilidad y los síntomas neurológicos incluyendo meningitis aséptica en aproximadamente 25% de los casos, pueden contribuir al malestar general del niño durante el episodio agudo.

“El estado del niño a menudo mejora mucho al cabo de 24 horas de tratamiento con gammaglobulina.”

MedlinePlus, Enciclopedia médica NIH

Las líneas de Beau, marcas horizontales en las uñas, pueden aparecer 1 a 2 meses después de la fase aguda, sirviendo como evidencia retrospectiva de la enfermedad en casos donde el diagnóstico inicial fue enmascarado. Este hallazgo es particularmente útil en la evaluación de niños con fiebre prolongado de causa unclear y puede proporcionar pistas diagnósticas importantes durante la recuperación.

¿Qué secuelas deja la enfermedad de Kawasaki?

Las secuelas de la enfermedad de Kawasaki están directamente relacionadas con el momento del inicio del tratamiento y la presencia de complicaciones cardiovasculares durante la fase aguda. Sin tratamiento, aproximadamente 1 de cada 4 niños (25%) desarrolla aneurismas coronarios, que representan la complicación más temida de esta condición. Estos aneurismas pueden provocar infarto de miocardio, muerte súbita, o enfermedad cardíaca isquémica crónica en edad adulta.

Con tratamiento temprano dentro de los primeros 10 días de enfermedad, el riesgo de complicaciones cardíacas se reduce a menos del 5%, según estudios de la FAPap. Esta dramática diferencia subraya la importancia crítica de la sospecha clínica temprana y la derivación urgente a servicios de pediatría. Sin embargo, incluso con tratamiento óptimo, algunos niños pueden desarrollar anomalías coronarias menores que requieren seguimiento cardiológico a largo plazo.

Complicaciones cardíacas

Los aneurismas coronarios constituyen la complicación más frecuente y grave de la enfermedad de Kawasaki no tratada o tratada tardíamente. Estos se desarrollan cuando la inflamación de las paredes arteriales debilita la структуру de la arteria, causando dilatación anormal. El riesgo es mayor en niños con factores de alto riesgo identificados, incluyendo edad menor de 6 meses, ascendencia asiática, niveles muy elevados de proteína C reactiva, y Z-score coronario inicial igual o mayor a 2.

Además de los aneurismas, pueden desarrollarse otras complicaciones cardíacas durante la fase aguda o subaguda. La miocarditis, inflamación del músculo cardíaco, puede causar disfunción ventricular izquierda transitoria. Los problemas valvulares, particularmente regurgitación mitral, también han sido descritos en asociación con la enfermedad de Kawasaki. El derrame pericárdico se detecta frecuentemente durante la fase aguda mediante ecocardiograma, aunque raramente causa síntomas significativos.

Importante para padres: La detección temprana mediante ecocardiograma es fundamental porque muchas complicaciones cardíacas son silenciosas y no producen síntomas detectables por los padres o el niño. El seguimiento cardiológico regular, incluyendo ecocardiogramas periódicos, es esencial durante los primeros años después del episodio agudo.

Efectos a largo plazo

Los niños que desarrollan aneurismas coronarios requieren seguimiento cardiológico de por vida debido al riesgo de complicaciones tardías. Los aneurismas pequeños pueden mostrar regresión completa con el tiempo, pero los aneurismas grandes o gigantes tienen menor probabilidad de resolución y mayor riesgo de trombosis, estenosis, o Calcificación progresiva. Estos pacientes pueden requerir intervención coronaria percutánea o cirugía de bypass en la adultez joven.

Incluso en ausencia de aneurismas macroscópicos, estudios han sugerido abnormalities en la función endotelial y la pared arterial que podrían predisponer a enfermedad cardiovascular temprana en la adultez. Esta observación ha impulsado recomendaciones de seguimiento cardiovascular a largo plazo incluso en pacientes que inicialmente no desarrollaron complicaciones visibles durante la fase aguda de la enfermedad.

Seguimiento recomendado: Los pacientes con enfermedad de Kawasaki deben someterse a evaluaciones cardiológicas periódicas que incluyen ecocardiograma, según protocolos que varían según la presencia y severidad de las complicaciones iniciales. El cardiólogo pediátrico determinará la frecuencia apropiada de seguimiento basada en el perfil de riesgo individual.

¿Qué tan grave es la enfermedad de Kawasaki?

La gravedad de la enfermedad de Kawasaki radica en su potencial para causar daño cardíaco permanente, aunque el pronóstico es excelente cuando se diagnostica y trata oportunamente. La condición es potencialmente mortal principalmente debido a las complicaciones cardíacas que surgen cuando no se interviene dentro de la ventana crítica de 10 días. Con tratamiento temprano, la tasa de supervivencia es superior al 99%, y la mayoría de los niños se recuperan completamente sin secuelas a largo plazo.

La American Heart Association ha enfatizado que la detección temprana y el tratamiento intensivo son cruciales para los pacientes de alto riesgo con enfermedad de Kawasaki. Esta declaración authoritative subraya el consenso médico de que el tiempo es un factor crítico en el outcome de la enfermedad. Cada día de retraso en el tratamiento aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares, particularmente en niños con factores de riesgo identificados.

Riesgos principales

El riesgo cardiovascular más significativo es el desarrollo de aneurismas coronarios, que ocurre en 20-25% de los niños sin tratamiento. Estos aneurismas pueden provocar trombosis arterial, infarto de miocardio, o muerte súbita incluso años después del episodio agudo inicial. En casos severos, los aneurismas gigantes (definidos como diámetro superior a 8 mm o Z-score mayor a 10) tienen peor pronóstico y requieren manejo agresivo con tratamientos adicionales como corticoides o agentes biológicos.

El riesgo de complicaciones es particularmente elevado en ciertos subgrupos de pacientes. Los lactantes menores de 6 meses tienen mayor riesgo de enfermedad refractaria al tratamiento inicial y desarrollo de aneurismas despite therapy. Los niños con marcada elevación de reactantes de fase aguda, particularmente PCR superior a ciertos umbrales, también tienen mayor riesgo de complicaciones cardíacas. La puntuación de riesgo americana integra estos factores para stratificar a los pacientes y guiar las decisiones terapéuticas.

Situación crítica: Un niño con fiebre prolongada de causa inexplicable, especialmente si no responde a antipiréticos, debe ser evaluado urgentemente por un pediatra. La demora en el diagnóstico de enfermedad de Kawasaki puede significar la diferencia entre una recuperación completa y el desarrollo de daño cardíaco permanente.

Pronóstico con tratamiento

El tratamiento estándar con gammaglobulina intravenosa en dosis única alta combinado con aspirina en dosis antiinflamatorias produce resolución de la fiebre en más del 90% de los casos dentro de las primeras 24 horas. Cuando se administra dentro de los primeros 10 días de enfermedad, este tratamiento reduce el riesgo de aneurismas coronarios a menos del 5%, transformando radicalmente el pronóstico de la enfermedad. La hospitalización típica dura entre 2 y 5 días, dependiendo de la respuesta clínica y la disponibilidad de seguimiento ambulatorio.

Para el 10-20% de los pacientes que no responden al tratamiento inicial con inmunoglobulina (conocidos como refractarios), se recomienda adicionar corticosteroides intravenosos o agentes biológicos como infliximab. Esta estrategia de tratamiento escalonado ha demostrado mejorar los outcomes incluso en pacientes de alto riesgo. El manejo temprano de la enfermedad refractaria es fundamental para prevenir el desarrollo de complicaciones cardiovasculares en este subgrupo vulnerable.

“Sin un tratamiento a tiempo, uno de cada cuatro niños puede desarrollar dilatación de las arterias coronarias o aneurismas.”

American Heart Association, Declaración sobre enfermedad de Kawasaki

El pronóstico a largo plazo para los pacientes tratados exitosamente es generalmente excelente. La mayoría de los niños actividades normales dentro de semanas a meses después del episodio agudo, sin restricciones significativas en su estilo de vida. El seguimiento cardiológico a largo plazo es recomendable para todos los pacientes, con intensidad determinada por la presencia y severidad de cualquier complicación durante la fase aguda.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad de Kawasaki?

Los síntomas de la enfermedad de Kawasaki se manifiestan en un patrón característico que permite el reconocimiento clínico cuando se conoce la presentación típica. La fiebre alta persistente superior a 39 °C es el síntoma cardinal, presente en prácticamente todos los casos y resistiendo a antipiréticos convencionales. Esta fiebre típicamente dura al menos 5 días y puede acompañarse de irritabilidad marcada, particularmente en lactantes.

Los criterios diagnósticos clínicos clásicos incluyen 5 signos principales: erupción cutánea generalizada, conjuntivitis bilateral sin secreción purulenta, cambios en mucosas orales (labios rojos, lingua de fresa), cambios en extremidades (edema, eritema, descamación), y adenopatía cervical mayor a 1,5 centímetros. El diagnóstico clásico requiere fiebre de al menos 5 días más la presencia de al menos 4 de estos 5 criterios, aunque variaciones regionales en los criterios existen, como en España donde se acepta también fiebre de 5 días con 3 criterios en ausencia de otra causa.

Síntomas iniciales

El inicio de la enfermedad de Kawasaki suele ser insidioso, con fiebre como primera manifestación que puede ser precedida por irritabilidad leve o síntomas inespecíficos durante uno o dos días. La fiebre rápidamente alcanza niveles altos, frecuentemente superiores a 39 °C, y se mantiene persistente a lo largo del día sin los patrones típicos de otras infecciones virales. Los padres frecuentemente reportan que la fiebre no responde a paracetamol o ibuprofeno, un hallazgo que debe alertar sobre la possibility de enfermedad de Kawasaki.

La conjuntivitis bilateral sin secreción aparece típicamente dentro de los primeros días de la enfermedad, affecting ambos ojos con enrojecimiento sin formación de legañas purulentas. Los labios se vuelven rojos y agrietados, y la lengua puede desarrollar el aspecto característico de “lengua de fresa” con papilas prominentes. La adenopatía cervical, frecuentemente unilateral, puede ser dolorosa y alcanzar un tamaño significativo superior a 1,5 centímetros según los criterios del Hospital Vall d’Hebron en España.

Formas incompletas y presentación atípica

Las formas incompletas de enfermedad de Kawasaki representan un desafío diagnóstico porque los pacientes no cumplen los criterios clásicos completos. Estas formas ocurren más frecuentemente en lactantes menores de 6 meses y en niños mayores de 5 años. El diagnóstico debe sospecharse cuando existe fiebre de al menos 5 días sin causa identificable junto con 2 o 3 de los criterios clínicos clásicos, especialmente si se documentan hallazgos cardíacos mediante ecocardiograma.

Los síntomas neurológicos, incluyendo irritabilidad marcada y meningitis aséptica en aproximadamente 25% de los casos según FAPap, pueden ser las manifestaciones predominantes en algunos pacientes. El hidrops vesicular biliar, acumulación de líquido en la vesícula biliar que causa dolor abdominal, también puede ocurrir y representa otro hallazgo que puede confundir el diagnóstico inicial. La presencia de estos síntomas atypicals no excluye la enfermedad de Kawasaki y debe considerarse en el diagnóstico diferencial.

Dato clínico: Aproximadamente 15% de los pacientes con enfermedad de Kawasaki desarrollan hidrops vesicular, que puede manifestarse como dolor abdominal intenso. Este hallazgo no gastrointestinal es una manifestación reconocida de la vasculitis sistémica y debe despertar sospecha de Kawasaki en el contexto apropiado.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad de Kawasaki?

El diagnóstico de la enfermedad de Kawasaki es primariamente clínico, basado en la identificación de la constelación característica de síntomas y signos. No existe una prueba específica de laboratorio o imagen que confirme definitivamente la enfermedad, lo que hace que el conocimiento de los criterios clínicos sea fundamental para pediatras y médicos de atención primaria. La sospecha diagnóstica temprana es crítica porque permite iniciar el tratamiento dentro de la ventana óptima de 10 días.

Los criterios diagnósticos establecidos requieren fiebre de al menos 5 días junto con la presencia de al menos 4 de 5 signos clínicos clásicos: erupción cutánea, conjuntivitis bilateral no exudativa, cambios en orofaringe, cambios en extremidades, y adenopatía cervical. En regiones como España, según el protocolo del Hospital Vall d’Hebron, se acepta también fiebre de 5 días con solo 3 criterios cuando no existe otra causa que explique los síntomas. Esta flexibilidad reconoce la variabilidad en la presentación clínica de la enfermedad.

Pruebas complementarias

Aunque no existe prueba específica para enfermedad de Kawasaki, varias investigaciones complementarias apoyan el diagnóstico y evalúan la extensión del compromiso cardíaco. Los análisis de laboratorio típicamente muestran elevación de reactantes de fase aguda incluyendo proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación globular (VSG), thrombocitosis progresiva durante la segunda semana, y leucocitosis. Estos hallazgos de laboratorio, aunque inespecíficos, apoyan el diagnóstico en el contexto clínico apropiado.

El ecocardiograma es la herramienta fundamental para evaluar el compromiso cardíaco y debe realizarse lo antes posible cuando se sospecha el diagnóstico. Este estudio puede revelar aneurismas coronarios, dilatación arterial, regurgitación valvular, derrame pericárdico, o disminución de la función ventricular izquierda. Un ecocardiograma normal no excluye la enfermedad de Kawasaki ni el riesgo de complicaciones, particularmente si se realiza muy temprano en el curso de la enfermedad.

“No hay prueba específica para diagnosticar la enfermedad de Kawasaki; el diagnóstico es clínico y se apoya en estudios de imagen como el ecocardiograma.”

MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial de la enfermedad de Kawasaki incluye múltiples condiciones pediátricas que comparten características clínicas similares. El sarampión, la escarlatina, y otras enfermedades virales exantemáticas pueden presentar fiebre y erupción cutánea, pero generalmente muestran patrones distintos de adenopatías y manifestaciones mucosas. La artritis idiopática juvenil puede presentar fiebre persistente pero típicamente afecta articulaciones de manera más prominente.

La conexión con la pandemia de COVID-19 ha highlight la necesidad de considerar el Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (MIS-C) en el diagnóstico diferencial. El MIS-C asociado a infección por SARS-CoV-2 presenta características overlap con Kawasaki pero añade manifestaciones como shock, elevación de troponina, y predominio de síntomas gastrointestinales. La distinción entre estas